II. LEYENDA DEL SANTO GRAAL, SEGÚN WOLFRAM D'ESCHENBACH

¿Cómo nacieron las leyendas del Santo Graal? Nadie puede precisarlo; todo son conjeturas y suposiciones más o menos inverosímiles, pero no estamos fuera de la verdad afirmando que en la Edad media, ya mucho antes del siglo XI, Perceval, Lohengrin y el Graal eran temas predilectos para los poetas de aquellos tiempos medievales, a los que inspiraban sus románticas trovas, siguiendo el impulso libre de su inspiración. Para unos, El Graal era una piedra luminosa caída de la corona que forjaron los ángeles rebeldes Bebel, Astaroth, Baalschreman, Rhadamante y otros, para coronar a su príncipe Luzbel, y que el Arcángel San Miguel arrancó de su frente. En el mismo día, Dios creó de la tierra al justo Adán y formó de su carne a Eva, que, por desobediencia, provocó nuestras miserias, labrando la eterna infelicidad humana. Para Wolftram d'Eschenbach, según nos dejó escrito, era igualmente una esplendorosa piedra que los ángeles llevaron a una cofradía de varones justos y piadosos, de costumbres inmaculadas.

Nos dice el insigne poeta en su obra dedicada a Titurel que este santo varón, hijo del rey Capodoce y de una hermana del emperador Vespasiano, fué quien fundó el santuario para guardar esta piedra preciosa, símbolo de todas las virtudes y que Titurel recibió del cielo en premio a su piedad.

Fué el ilustre duque Guyot de Cataluña quien descubrió en Toledo un manuscrito contando tal advenimiento.

Decíase en él que el gran Fagetanis, sabio filósofo, de religión pagana, descendiente de Salomón, poseía el don de leer los signos de las constelaciones que rigen los destinos humanos, y que estando un día observando el curso de los astros, vió de pronto aparecer cosas tan misteriosas que no se atrevía a hablar de ellas sin gran temor.

Era la existencia evidente de un prodigio sin igual, cuyo nombre "El Graal" estaba claramente escrito en el cielo.

Una legión de ángeles llevaba una piedra que con su esplendor iluminaba los astros; la falange celeste la depositó sobre la tierra y, remontándose luego, perdióse en los espacios infinitos del firmamento.

¿Queréis saber cómo el noble Wolfram describe las virtudes del Graal y lugar de su residencia?

Dice que está en un gran castillo, en la cima de una montaña santa, abrupta, misteriosa e impenetrable, llamada Montsalvage; situada en las regiones de Galicia, defendida por numerosos templarios que a menudo se alejan para correr aventuras en defensa de la virtud y honor de la doncella ultrajada.

Los caballeros de aquella cofradía forman una legión formidable y se nutren de un modo particular que ya 'explicaré.

Su alimento proviene de una piedra cuya naturaleza es incorruptible y que la llaman "Lapis Exilis".

Por su virtud el fénix se consume y renace de sus cenizas.

Todo enfermo desesperado de curación, a la vista de la prodigiosa piedra, es preservado de la muerte por aquel día y semana siguiente.

Ella evita el ajarse la belleza, que queda cual es y para siempre con sólo poner la mirada -en el celeste talismán; y, ya sea hombre o doncella, les comunica tal vigor que sus huesos y sus carnes conservan la juventud, aun viviendo larga vida de dos siglos; ellos no verán cambiar el color de sus cabellos, ni aparecerán arrugadas sus mejillas. Esta piedra prodigiosa que obra tales milagros es «El Graal». En el día del Viernes Santo ella recibe un mensaje del que depende su mágico poder. Una cándida, blanca e inmaculada paloma desciende de las nubes, llevando en su pico dorado una pequeña hostia, que deposita sobre la piedra. Cumplida su misión, vuelve rápidamente a los cielos.

A la vuelta de cada Viernes Santo trae este preciado don, de donde la piedra cobra nueva fuerza de prodigar con abundancia inextinguible del paraíso los manjares y las bebidas más exquisitos, así como los productos de la tierra y aun de animales que respiran el aire vital, vuelan, corren o nadan, y que Dios creó para nutrimiento de la humana especie.

Relatando el inspirado vate las aventuras del héroe Perceval, el simple y puro, a su llegada a la sacra mansión del Graal, nos dice que allí vió riquezas y prodigios increíbles. Escuchad:
Sobre cuatro carrozas adornadas con piedras de Arabia las más preciadas, fueron llevados los platos de oro y vasos diamantinos para el servicio del gran festín en honor del huésped ilustre Perceval.

Cuatro caballeros vestidos con riqueza real capaz de asombrar al mundo los distribuían por sus propias manos, siguiendo el orden de jerarquía.

Atención a una nueva curiosidad: Cien escuderos hijos de príncipe los más famosos iban respetuosamente delante del Graal, y de él tomaban el pan que, puesto sobre ricos manteles de seda oriental, depositaban sobre la mesa, en el sitio correspondiente a cada caballero.

Se me dijo, y yo lo repito sobre vuestra responsabilidad, que delante del Graal cada uno encontraba los manjares preparados, calientes o fríos, de carnes las más delicadas del mar o de la tierra, así como bebidas de vinos de uvas de Samos, licores y jarabes de cien hierbas aromáticas, todo a voluntad de cada uno, con sólo desearlo y tender la mano.

Ahí tenéis las prebendas que el Graal procura a los caballeros de su cofradía. Todo esto es bien extraordinario e incomparable, pero para los creyentes «El Graal» es fruto de delicias, inextinguible fuente de bienes terrenales, parecidos a los que existen en el Reino celestial.

Escuchad cómo recluta sus fieles servidores: En la circunferencia de la piedra aparece una inscripción gráfica designando el nombre y familia de estirpe elevada de quien es llamado para servir en aquel Edén de delicias, y ya sea pucela o doncel, nadie puede tocar la inscripción si quiere librarse de calamidad. Leído el nombre por todos los caballeros y cumplidos sus designios, ella se apaga.

Bienaventuradas las madres que conciben hijos y el destino los asocia a la privilegiada grey.

Preservados del pecado, amparados por la virtud y sostenidos por la constancia, mueren santificados y obtienen como recompensa de sus actos la Gloria eterna.

Reinó durante cien años en aquella gloriosa mansión de caballeros del Graal el venerable Titurel, desposado con una princesa de España. Sucediéronle sus hijos Frimutel y Amfortes; luego Perceval, Lohengrin y otros cuyos nombres calla la historia.

Toda esta ingeniosísima leyenda, tan luminosa y fantástica del Graal, que os he contado,"y mucho más que dejo por relatar, es obra del excelso cantor de la Wartburg, Wolfram d'Eschenbach, cuya maravillosa fantasía causa asombro indeleble, si bien hay que convenir que, dominado por el poder de su imaginación, voló tanto por las regiones del ideal, que ha hecho la historia harto inverosímil para nuestros tiempos de incredulidad dominadora.

Crea el lector cuanto le plazca de la portentosa historia, y mientras tanto procuremos acercamos a otras fuentes que la tradición acepta como más verídicas y de las cuales arranca en parte la leyenda wagneriana del Santo Graal, ya que el objeto de este modesto trabajo no es otro que contribuir a vulgarizarla todo lo posible, como punto de partida para hacer más comprensible la gran obra Parsifal, puesto que en vísperas de expirar el término fatal de ser oída sólo en el santuario de Bayreuth, desde donde escribo estas líneas, será representada en nuestro Gran Teatro del Liceo y en el Real de Madrid, si los argumentos poderosos que arguyen los devotos promotores de la "Lex Parsifal" no tienen fuerza suficiente para lograr que sea respetada la voluntad del inmortal maestro y siga siendo privilegio exclusivo de Bayreuth, como yo creo debería ser, por las razones que ya expondré.


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