Por Jordi Mota

 

Ahora que parece que por fin volverá a funcionar el mítico Teatro Real de Madrid y además con “Parsifal” si no como obra inaugural como se pensaba al principio, sí como una de las importantes representaciones de la primera nueva temporada, queremos recordar a un gran escenógrafo que precisamente hizo la decoración de “Parsifal” en el estreno en dicho Teatro el 31 de diciembre de 1913. 


Amalio Fernández nació en La Gineta (Albacete), estudió en París y se trasladó posteriormente a Madrid donde trabajo en unión de otros escenógrafos hasta que a partir de 1889, actuó por su cuenta debiéndosele numerosas escenografías como las de “La Walkiria”, “Sigfrido”, “El Ocaso de los Dioses” o “Parsifal”. 


«En la Opera “Sígfredo” (sic), estrenada el 7 de marzo de 1901, la electricidad y el vapor de agua jugaban un papel importantísimo en el grandioso poema wagneriano; el fuego celeste y subterráneo que iluminaba la escena precediendo a Wotan en sus entradas y salidas; el hermoso amanecer en el bosque y la fantástica aparición de Erda, son magníficos efectos de luz obtenidos por combinación complícadísima. Mecánicamente se produce el ruido de la tempestad, y la mutación del tercer acto a cuyo sorprendente efecto contribuye el vapor, que en blancas nubes ocultaba la escena unos instantes, pero tan breves, que parecía imposible permitiesen una transformación tan completa del escenario. Es verdad que durante ellos, a la vez que los telones se levantaban y las rocas corrían sobre unos raíles a ocultarse entre bastidores, un ejército de tramoyistas militarmente organizados contribuían a la rapidez de la mutación. Cada hombre atendía a una sola cosa, y a una señal, movíanse todos a la vez, y el complicado mecanismo se deshacía por encanto. El famoso dragón Fafner, cuya aparición a la boca de la caverna producía tan hermoso efecto, estaba movido por cinco hombres a quienes se señalaba su misión respectiva dentro del monstruo. Dos le impulsaban a andar, otros dos movían los ojos, que iluminaban lámparas rojas, y otro le hacía abrir las fauces y lanzar el vaporoso hálito». 
Con estas palabras describe Joaquín Muñoz Morillejo (1) la habilidad escenográfica de Amalio Fernández, al que dedica también los versos de un no mencionado poeta: 
Pintando decoraciones 
es un artista de veras. 
¡Cuántas obritas ligeras 
se salvan con sus telones!

 

En cuanto a su decoración de “Parsifal” no es menos categórico: 
«Si no hubiésemos visto tantas maravillas en escenografía ejecutadas por Amalio, como le llamamos familiarmente, con el decorado de la ópera “Parsifal” lo hubiéramos elevado al más alto grado de la fama». 
En la “Ilustración Española y Americana” del 22 de diciembre de 1913, Amalio Fernandez describió sus impresiones en el trabajo de realizar la decoración para “Parsifal”: 
«Todas las óperas del gran Maestro Wagner son de un interés extraordinario de mise en scène, y en todos se ve claro el noble propósito de dar a sus obras un interés general de conjunto sin despreciar el menor detalle que pueda completar su pensamiento, al concebir sus respectivos poemas musicales.

 

«Es sabido que en todo entendía y en todo se preocupaba, y para la ejecución de sus ideas supo rodearse de los más célebres maestros en la artes auxiliares en la escena y Max Brückner como pintor, Kranish como ingneiero tramoyista, y luego Hugo Boer, como electricista de gran ingenio, inventor de la mayoría de los trucos de alumbrado y proyección, que tan interesante papel juegan en las obras wagnerianas, secundaron con su saber de maestros insignes los propósitos del gran autor. 
«Yo tenía vivos deseos de decorar esta portentosa ópera, y recibí de la Empresa del Teatro Real la orden de ejecutar su decorado con grandísima alegría; puse manos a la obra, y dos meses largos empleé en los estudios, planos y bocetos. Dos largos meses, en los que ni de día ni de noche dejé de pensar en tantas dificultades acumuladas que había de resolver como pintor y tramoyista, teniendo muy presente las complicadas combinaciones de alumbrado, que en esta obra juega un importante papel... 
«...He tenido a la vista las -decoraciones de Bayreuth- de “Parsifal” y las he estudiado con el mayor detenimiento; pero, respetuoso con la propiedad ajena, me impuse el deber de acatar con toda su integridad lo que es obra del pensamiento de otro hombre, del cual sólo he tomado orientación y estímulo, procurando, en noble competencia, hacer labor propiamente mía. 
«Es de suponer lo que esto significa. Hacer decoraciones nuevas, originales, para una obra importantísima y llena de dificultades, que ya fue decorada de modo tan perfecto con la aprobación del maestro Wagner, obra cuya primera representación se prepara en todos los teatros líricos importantes del mundo entero para el primer día del año 1914, como homenaje al gran musico... 
«...Tiene esta ópera, en cuanto a decorado se refiere, un tono especial entre real y fantasía; de ensueño, decoraciones que marchan atravesando la escena, de derecha a izquierda unas, de izquierda a derecha otras, cambiándose de tupida selva en obscuras grutas y fundamentos de ciclópeas construcciones, que, al desaparecer de la vista del público, descubren el maravilloso templo del Grial. 
«Jardines fantásticos de espléndida vegetación, de flores lujuriosas, de palacios encantados que, al conjuro del joven Parsifal, se angostan y derrumban, cambiando este paraíso, que la magia del brujo Klingsor creó como antro de seducción para vencer el poder de Titurel, en tórrido desierto. 
«Cambios de luces; incesante juego de éstas, que cambian de tonalidades los distintos lugares de la acción. 
«Tramoya complicadísima; practicables interiores sobre la escena, a diferentes alturas, y en los espacios de los telares y entradas de servicio para colocación de las masas corales de hombres y de niños que tienen importantísima intervención en los actos primero y tercero. 
«Esta es la parte decorativa, descrita a grandes rasgos, de los lugares en que la acción se desarrolla y de la que el espectador sólo podría darse cuenta aproximada apreciando en el interior de la escena los elementos que completan la parte visible de las decoraciones, compuestos de guías, cilindros, puentes de maniobras, máquinas de delicados engranajes e infinidad de medios de complicada mecánica para el cambio y marcha de las decoraciones. 
«Mi responsabilidad en la parte por mí ejecutada para “Parsifal” es tan grande, que confieso sinceramente que deseo y temo a la vez el momento de hacer el montaje y acoplamiento del decorado. Hasta entonces no recobraré mi perdida tranquilidad. 
«He puesto todo mi entusiasmo y todos mis conocimientos de teatro al servicio de esta obra; desde el mes de mayo, en que di principio a los planos y bocetos, no he dejado un solo instante de pensar en este largo trabajo: he hecho, en fin, cuanto puedo y sé en estas cosas, de mi oficio; si he acertado el público y la crítica lo dirán. 
«Si no el valor de mi obra, por ser escaso, sirva, al menos, el entusiasmo y amor con que la he hecho, como homenaje al inmortal Ricardo Wagner, en estos momentos en que el mundo entero, haciendo la debida justicia al genio portentoso de Leipzig, prepara su apoteosis con la representación de “Parsifal”».

 

Es sorprendente las bellas decoraciones que se podían hacer a principios de siglo con tan escasos medios técnicos, y las deprimentes escenograflas actuales cuando se dispone de toda la técnica imaginable. También es admirable ver el respeto de los escenógrafos hacia la obra escenificada y la modestia con la que juzgan su propia obra, algo igualmente contrario a lo que ocurre en la actua-lidad. 
Amalio Fernández realizó decoraciones para Londres y París que tuvieron gran éxito, pero en 1919 decidió marchar a América donde ya había estado unos años antes. Segun refiere el ya citado Joaquín Muñoz Morillejo, Amalio estaba convencvido “de que el arte escenográfico va desapareciendo en España a pasos agigantados, convertido en espejuelo adonde acude el público, como las alondras, fascinado por el juego de luces de varios colores proyectados sobre desnudeces de actrices y comparsería”. Se instaló en Los Angeles y se dedicó a crear decoraciones para el incipiente mundo del cine. Amalio Fernandez murió en Hollywood en enero de 1928, después de haber alcanzado también la celebridad en su nueva faceta artística. 
 

 

NOTAS:

 

(1) Joaquín Muñoz Morillejo, “Escenografía Española”, Real Academia de  Bellas Artes de San Femando, Madrid 1923. Casi todos los comentarios  del presente artículo están sacados de este libro. 
 

 


Contáctanos